Obtención del semen
Para una correcta obtención de semen es necesario una técnica depurada y personal especializado, que favorezca la líbido del macho y una correcta distinción de las diferentes partes del eyaculado, procediéndose a recoger sólo la fracción rica de éste.

Una vez que el verraco sube al potro o maniquí, en primer lugar debemos vaciar el llamado saco prepucial donde se acumulan restos de orina y semen, siendo una fuente importante de contaminación. Posteriormente, tenemos que permitir que el verraco se excite y comience por sí solo a realizar los movimientos típicos hasta que exterioriza el pene. Acto seguido, le acompañamos en su estimulación, haciendo presión con la mano, adaptando los dedos al tirabuzón. Esta es la parte más sensible, por tanto, hemos de presionar para estimular, pero sin llegar a provocar daño, lo que inhibiría al verraco en su intento de monta.

 

Para llevar a cabo la obtención del semen, debemos conseguir la exteriorización completa del pene y para ello, hemos de deshacer la curvatura sigmoidea que forma en el interior. Para ello, una vez sujeto el pene, acompañaremos su movimiento, ayudándole a mantenerlo fuera del prepucio, pero siempre con cuidado de no hacerle daño. Una vez que tenemos el pene completamente fuera del prepucio, tan solo debemos mantenerlo firme y estimular de vez en cuando la zona del tirabuzón, para provocar la eyaculación. La posición de la mano es importante a la hora de la obtención del semen, ya que además de realizar de forma adecuada su función, debe evitar el contacto con el semen para no contaminarlo. Para conseguir esto, lo más cómodo es colocar la palma de la mano por encima del tirabuzón, dejando siempre libre el extremo del pene, de manera que el semen caiga directamente en el recipiente donde se recoge sin contactar nunca con la mano. Si colocamos la palma de la mano por debajo, hay más probabilidades de que el semen escurra por ella.

 

Una vez se encuentra el pene exteriorizado y bien sujeto por la mano enguantada, el verraco comenzará a eyacular. Podemos diferenciar cuatro partes en el eyaculado. La primera, la fracción pre-espermática, es transparente y su función principal es la de lubricar la uretra. Está bastante contaminada y no se recoge. A continuación comienza a eyacular la fracción espermática, de color lechoso. Es la más rica en espermatozoides y es la fracción que debemos recoger para trabajar en inseminación artificial. El verraco eyacula un volumen de unos 300 ml de los que 80 a 150 ml son de fracción espermática. Posteriormente, el verraco eyacula la fracción postespermática, bastante pobre en espermatozoides. Procede de las glándulas accesorias y su misión  es proporcionar volumen al eyaculado y nutrientes al espermatozoide. Esta parte del eyaculado es de color grisáceo y más transparente que la fracción espermática. No suele utilizarse para la elaboración de dosis seminales. Evidentemente, aquí se describen una tras otra, pero ambas partes del eyaculado se alternan, teniendo que estar atentos al aspecto y al color según se vaya eyaculando. Durante toda la eyaculación y sobre todo en la parte final, se produce el llamado gel o tapioca. Fisiológicamente tiene la misión de taponar el cuello uterino y evitar que el excesivo volumen eyaculado durante la monta natural, refluya y se pierda. Al ser gelatinoso, si entra en contacto con los espermatozoides, estos se aglutinan entre sí, por lo que en el recipiente donde se recoge el eyaculado, debe estar protegido por una gasa y hacer de filtro. En realidad, este gel, puede ir eyaculándolo a lo largo de todo el proceso, teniendo forma de granos de arroz.

 

Una vez que el macho finaliza, notamos que el pene se torna flácido y el propio verraco se baja del potro.

 

            MATERIAL DE RECOGIDA

 

            Termo de recogida, para preservar la temperatura a 37ºC

            Vaso de precipitados de 300 ml ó bolsa de plástico

            Gasa o filtro de papel

            Recomendable: Diluyente a 37ºC para colocar en el vaso y evitar aglutinaciones.